Ortodoncia

¿En qué consiste y por qué se hace?

La ortodoncia es la especialidad dedicada a corregir los defectos de tamaño y posición en el conjunto de piezas dentales. Con este fin suele colocarse un aparato ortodóntico —también conocido como brackets—, aunque en casos más severos el reposicionamiento de los dientes puede precisar cirugía. Si bien es frecuente recurrir a este tipo de tratamiento con fines principalmente estéticos, lo cierto es que en realidad se realiza con el objetivo de prevenir los males derivados a largo plazo del apiñamiento (caries, desgaste y presión mandibular). El mecanismo de la ortodoncia es simple: se basa en un sistema de presión suave que, día a día, va desplazando las piezas dentales hasta su posición correcta.

¿Cuántos tipos de ortodoncias hay?

Fundamentalmente dos: fijas y removibles. Las fijas sólo pueden ser retiradas por un profesional cualificado, mientras que las removibles es posible quitárselas durante el cepillado y las comidas.

Actualmente se recurre a diversos materiales para configurar un aparato adaptado a las preferencias y necesidades de cada paciente: desde los clásicos brackets de acero inoxidable o titanio hasta los más sofisticados de resina, porcelana, policarbonato (plástico) o zafiro.

¿Cuánto tiempo dura el tratamiento y cómo se coloca?

De media, un tratamiento de ortodoncia estándar puede prolongarse desde los 12 a los 38 meses. El tiempo varía según la complejidad del caso. Aquellos pacientes cuyos dientes presentan un leve apiñamiento pueden ver su tratamiento finalizado en menos de un año.

Por norma general, la colocación de los brackets suele ser una intervención relativamente rápida y sencilla, de unos 30 minutos de duración aproximadamente para aparatos convencionales y de 60 en el caso de los linguales. El paciente puede sentir inicialmente una cierta presión en la zona, pero no es una intervención dolorosa y no requiere aplicación de agentes anestésicos.

¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes del tratamiento?

Los brackets de metal convencionales, además de ser del material más resistente, resultan también más asequibles económicamente que los de otros materiales. El inconveniente principal de esta modalidad para muchos pacientes reside en su efecto antiestético, ya que no es la opción más discreta.

Los brackets de plástico no son apreciables a simple vista, pero también más deformables que los de cualquier otro material, por lo que sólo se recomienda su uso en tratamientos de corta duración.

Los brackets de porcelana, de un color blanco opaco, son discretos y más resistentes que los de policarbonato, pero se adhieren peor al diente y son menos resistentes que los de zafiro.

Los brackets de zafiro presentan un precio mucho más elevado que el resto por ser transparentes, pero resultan igual de resistentes y eficaces que los metálicos.

Los brackets linguales son los aparatos invisibles por excelencia en ortodoncia, ya que se instalan en la cara interna del diente. Sin embargo, por elaborarse a partir de una aleación de oro resultan mucho más caros que ningún otro y, además, el proceso suele ser también más lento que con los brackets convencionales.

¿Quién puede someterse a un tratamiento de ortodoncia?

Normalmente el uso de brackets se aconseja a partir de los 10-12 años, aunque también existe la posibilidad de fabricar aparatos adaptados para corregir defectos a edades más tempranas (6-8 años).

 

Cita